Cuando más llena está la luna, comienza a menguar y cuando está más negra, comienza a crecer.
El evocar este proverbio me ha permitido a menudo mantenerme ecuánime, no sólo ante las dificultades o la desdicha, sino ante cualquier ráfaga de inesperada buena fortuna que hubiera podido exaltarme demasiado. Nos sirve de consuelo y esperanza en la certeza de que aun las horas más negras de nuestras dolencias e infortunios llegarán a su fin, pero es a la vez advertencia de que no se deben sobreestimar las glorias pasajeras de la opulencia, el poderío o algún golpe extraordinario de buena fortuna.
Es consuelo y advertencia no sólo para el individuo sino también para los gobiernos, las naciones y sus dirigentes: un brevísimo compendio de todo lo que la historia y la experiencia humana nos enseña.
Y más aún, podríamos decir que es un eco de la ley y el orden que rigen la estabilidad del universo.
jueves, 18 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Totalmente sorprendido. Gratamente por supuesto. Me lleva a pensar en esa búsqueda reciente del equilibrio, del pasado lejano, de los hilos conductores para tener un mejor pasar hoy día. Cada uno tiene sus tiempos y el logro está asegurado, porque la perseverancia aniquila cualquier escollo. Te conozco un poco mascarita, y se que vas a lograr lo que te propongas a fuerza de arremangarte y luchar. Ojalá se me pegara a mi.
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