sábado, 7 de junio de 2008

¿Y por eso me dicen que soy rara?

.Sí, soy rara, por intentar sembrar en el camino semillas de alegría. Sí, lo soy, por sonreírle a la vida aunque me lo pongan difícil. Sí, lo soy, por creer que el mundo es un ser vivo que tiene derecho a recibir, no sólo a dar. Sí, lo soy, por prestar oídos al pulso de la naturaleza, en lugar de los engañosos cantos de sirena de la sociedad. Sí, defiendo que la ayuda no se compra ni se vende. Sino que se presta. Sí, me emociona el retorno, cada año, de una golondrina al nido que la vio nacer. Si, me indigna ver al ser humano, con las manos ajadas de trabajo mal recompensado. Más aún, ver a los niños en las calles trabajando, cuando deberían estar jugando y estudiando! Si, me duele el niño de mirada marchita que se cruza en mi camino, porque no nació en cuna aterciopelada. Y los que nacieron en cuna aterciopelada, enajenados por la sociedad consumista, siendo una carga y problema insoluble para ella, porque al tenerlo todo, adolecen de saber el valor de la vida y vivirla a plenitud, más aún, no conocen ni valoran el afecto, muchos de ellos ¡nunca lo tuvieron! Sí, soy rara, por pensar que a la humanidad le queda una esperanza, mientras haya una sola persona que lo crea y sea considerada distinta como yo. Sí, consiguen embelesarme el sonido de una nota, el arrullo de un mar en calma... o del viento en las altas cumbres. Sí, no escucho las palabras, porque me pierdo en la voz que las pronuncia. Sí, soy rara por despertar, a media noche, con la urgencia de un verso prendido en mi boca, o batiendo alas junto a mi alma en las estrellas. Sí, lo soy, por creer que el corazón me da la libertad y la razón me la quita... Sí, soy distinta por vestirme de payaso para robar una sonrisa amiga. Sí, lo soy, por mirarme en unos ojos tal vez inexistentes, con la esperanza de verme reflejada en ellos.... o acariciada por una sonrisa que me habla en el lenguaje del silencio y del aroma, por creer que el cielo azul de mis montañas son el reflejo de su ser en lo divino. Entonces, ¡sí! confieso que soy rara, y mientras quede en mi cuerpo un soplo de vida, lucharé por seguir siéndolo, y por dejar constancia de ello.